¿Por qué hablamos de estas cosas que creemos “normales”?
Vivimos en un ritmo acelerado donde muchas conductas se repiten tanto que dejan de llamarnos la atención. Dormir poco, vivir cansados, sentir estrés constante o postergar el autocuidado suele verse como parte de la rutina diaria.
Pero… ¿qué pasa cuando lo que normalizamos empieza a afectar nuestra salud?
Hablar de estos temas no es exagerar ni alarmar. Es poner en palabras situaciones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, pueden impactar en nuestro bienestar físico y emocional.
Cuando lo “normal” deja de ser saludable
Muchas veces minimizamos señales porque “a todos les pasa”.
El problema no es que ocurran ocasionalmente, sino cuando se vuelven permanentes.
Algunas de estas conductas:
- Naturalizan el cansancio extremo
- Justifican el estrés constante
- Dejan el descanso y el autocuidado siempre para después
Con el tiempo, esto puede derivar en:
- Falta de concentración
- Irritabilidad
- Alteraciones del sueño
- Malestar físico y emocional sostenido
Nuestro cuerpo y nuestra mente no funcionan en automático. Necesitan pausas, atención y cuidado.
¿Por qué impacta en nuestra salud?
Porque la salud no es solo “no estar enfermos”.
Es un equilibrio entre lo físico, lo mental y lo emocional.
Cuando normalizamos estados de alerta permanente, exigencia constante o agotamiento crónico, el organismo responde. A veces con síntomas claros y otras con señales más silenciosas, pero igual de importantes.
Escuchar esas señales a tiempo puede marcar la diferencia.
El riesgo de normalizar lo que nos hace mal
Normalizar no significa que esté bien.
Significa que dejamos de cuestionarlo.
Y cuando dejamos de cuestionarlo:
- Postergamos consultas
- Ignoramos señales de alerta
- Nos acostumbramos a sentirnos mal
Hablar de estos temas es invitar a frenar, observar y repensar hábitos, sin culpa y sin juicio.
Cuidar la salud también es animarse a revisar hábitos
Desde MET creemos que la prevención empieza por la información y la conciencia.
Revisar lo que damos por normal es una forma de cuidarnos, de anticiparnos y de elegir mejor.
Porque sentirnos bien no debería ser una excepción.
Y porque cuidar la salud también implica no naturalizar lo que nos hace mal.
